LEER Y ESCRIBIR EN LA HISTORIA DE LA CULTURA
Leer para aprender
sobre el mundo natural y social
“Una tensión que atraviesa toda la
historia de la cultura escrita es la que enfrenta
a las autoridades, que intentan imponer
el control o monopolio sobre
lo escrito, contra todos aquellos y, aún
más, aquellas para quienes el saber leer y escribir fue
la promesa de un mejor control de su
destino. Los enfrentamientos entre el poder establecido
por los poderosos sobre la escritura y el
poder que su adquisición confiere a los más débiles
oponen a la violencia ejercida por lo
escrito su capacidad de fundamentar, tal como lo enunciaba
Vico en 1725, “la facultad de los pueblos
de controlar la interpretación dada por los jefes a la ley.”
Roger Chartier (2010)
Como señala
el historiador de la escritura Roger Chartier (2010), desde el siglo XIX se
considera que leer es un instrumento indispensable para aprender sobre el mundo
natural y social. No obstante, nos explica que esto no siempre fue así.
Hasta el siglo XVIII la mayoría de la población era iletrada. La
transmisión oral y visual del saber, así como la imitación de los oficios u
otras tareas complejas se consideraban vías igualmente válidas de acceso al
conocimiento. En el contexto donde los adultos pescaban o cultivaban la tierra,
o más tarde, un tendero o artesano “experto” se rodeaba de dependientes y
aprendices, fueron éstas las formas que durante mucho tiempo predominaron para
la comunicación de saberes y conocimientos tanto prácticos como abstractos. Por
entonces, saber leer y escribir no era indispensable para aprender. La
escritura existía en paredes, papiros, variados predecesores del libro y libros
de todo tipo. La mayor parte de la población era iletrada, no por ello poco
familiarizada con lo escrito. Los textos llegaban, al menos a los habitantes de
las ciudades, a través de la lectura en voz alta o de la reiteración oral de
coplas, romances y otras variedades del lenguaje propicias para ser
memorizadas. (…)
Por entonces, según el público y la circunstancia, las palabras
habladas, las imágenes o la escritura se consideraban vías igualmente válidas
de acceso al conocimiento. Las tres prácticas convivían aun cuando, (…) desde
el siglo XVI, los libros fueron cada vez más la vía de acceso dominante (…) no
solo para conocimientos sino también para saberes prácticos y técnicos. La
lectura de libros prácticos y técnicos era muy popular, igual que en nuestros
días, no solo para “aprender a hacer” sino también por gratuito interés o
deleite.
En el siglo XIX todo cambia. La escuela y la alfabetización se
generalizan. Se crean libros para la escuela, “libros de lectura” y “manuales
escolares” que alcanzan el estatus de “verdadero” saber, por oposición a las
supersticiones y falsos conocimientos que –solo a partir de entonces- se
consideró que transmitía la información oral. Además, estos libros de texto
fueron concebidos para condensar “todo el saber”. (…)
Se multiplicaron los libros instructivos y dirigidos a la divulgación
del saber científico e histórico. (…) “Tener” una enciclopedia en el hogar (y
leerla) pasa a sr algo así como “poseer” todo lo que se puede aprender.
La lectura que la escuela pretendió controlar fue incontrolable. Comenzó
a instalarse la idea de buenos y malos libros y de buenos y malos lectores. (…)
Así como los niños no piden permiso para empezar a aprender, los
lectores –y especialmente las lectoras- hicieron oídos sordos ante
prohibiciones y sermones.
Nuestros días no son ajenos a
preocupaciones semejantes, ahora frente a los desafíos que –desde hace varias
décadas- nos viene planteando la lectura digital y planetariamente conectada,
una vía más de acceso a la información que –como siempre- convive y coexistirá
con las preexistentes. Comprender la historia nos permite colocarnos desde otra
perspectiva. (…)
Lo que no está o no es evidente
en las pantallas es lo que la escuela y el trabajo del maestro siempre han
tenido la responsabilidad (…) ante la lectura: reponer la totalidad, los
contextos, el origen de los fragmentos escritos discontinuos –por lo tanto, sin
sentido- a los cuales los niños ingresan desde las máquinas: preguntarse y buscar los medios para apreciar la
confiabilidad de las fuentes, comparar versiones para detectar errores y dudar,
prepararse para someter todo lo que se lee al propio juicio; relacionar la
información nueva con la conocida, jerarquizar, ayudar a establecer relaciones
sin perderse en los laberintos interminables de los vínculos hipertextuales;
enseñar a navegar reconociendo en el mar digital los cantos de sirena que
conducen a las playas del consumo no deseado y de la pérdida de privacidad. Y
mucho más. (…)
es una organización sin fines de lucro estadounidense dedicada a las "Ideas dignas de difundir" (del inglés y que cubren un amplio espectro de temas que incluyen ciencias, arte y diseño, política, educación, cultura, negocios, asuntos globales, tecnología, desarrollo y entretenimiento.
ResponderEliminarEsto tendrías que copiar y pegar en la entrada que se llama Clase 1
Eliminardisculpe me olvide el nombre... CENA JESÚS
ResponderEliminarMB
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